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Las nuevas brujas: los controladores aéreos.

diciembre 31, 2010 By: administrador Category: Aviación, Destacados, Política

¿Cómo hemos podido llegar a la cacería de brujas con forma de controladores aéreos que vivimos actualmente? Bueno es echarle una ojeada a los acontecimientos de Salem del siglo XVII para ver las esperpénticas similitudes que presenta la situación actual con aquella.

En 1692 en la localidad de Salem, Massachussets, cayeron enfermas al mismo tiempo dos niñas, una de ellas hija y la otra sobrina del reverendo Samuel Parris. La desconocida enfermedad de Betty y Abigail les producía temblores, llantos repentinos, espasmos, histeria y alucinaciones; decían sentirse como si alguien las pinchara y cortara con cuchillos invisibles. El médico del pueblo diagnosticó que las niñas estaban hechizadas. Pronto se extendió el mal y otras quince niñas comenzaron a comportarse del mismo modo.

Las acusaciones de brujería no tardaron en llegar y la primera acusada fue una esclava del reverendo llamada Tituba que, bajo tortura, se declaró culpable. Luego vinieron muchas acusaciones más, la mayoría de ellas a personas que por unas causas u otras “caían mal” a la comunidad: dos mujeres pobres de mal carácter, otra esclava, un granjero malhumorado sin amigos, etc. Pero el estado de histeria ya se había desatado y fueron acusadas personas que tenían algún problema previo con las familias de las niñas por motivos económicos o de cualquier otro tipo; incluso fue acusada una niña de tan solo cuatro años de edad.

En este estado de histeria se llegó a encarcelar a cerca de doscientas personas.

Se creó entonces un tribunal que admitió unas pruebas llamadas “evidencias espectrales” que consistían en que se creía que los acusados actuaban contra las niñas a través de sus espíritus malignos y que, gracias a un pacto con el diablo podían atormentarlas a kilómetros de distancia.

En los juicios las niñas gritaban histéricas contra los acusados, se contorsionaban y entraban en estado de trance. Nadie se atrevía a denunciar la farsa por temor a ser acusado también.

Tras estos procesos fueron ejecutadas veinte personas, trece mujeres y siete hombres, entre ellos el granjero malhumorado que fue muerto por aplastamiento con piedras tras dos días de sufrimiento.

En otoño de 1692 se puso fin a semejante situación primero rechazando las “evidencias espectrales” y luego sustituyendo al tribunal por otro que puso fin a los procesos.

La reparación de los daños causados tardó en llegar. En 1702 el Tribunal Supremo declaró los juicios ilegales y en 1711 se aprobaron unas indemnizaciones para algunos de los encausados que habían perdido sus propiedades y que  apenas reparaban mínimamente los daños morales y materiales sufridos. Los jurados de los juicios firmaron una “confesión de error” pidiendo perdón. En 1957 el estado de Massachussets pidió disculpas formalmente por los hechos, pero hasta 2001 no se proclamó la inocencia total de todos los procesados.

Las causas que se aducen para aquella histeria colectiva son variadas y van desde el consumo generalizado de alucinógenos, problemas psicológicos, la incidencia de enfermedades como la viruela y la enfermedad de Huntington (que conlleva todos los comportamientos detectados en las niñas). Otras causas menos biológicas se refieren a prejuicios religiosos y sociales, vendettas entre vecinos, rencores y envidias, enfrentamientos por causas económicas, etc. Todo ello aderezado con unas prácticas judiciales vergonzosas incluso para la época, formaba un cóctel explosivo.

En la actual caza de brujas/controladores tenemos a las dos niñas histéricas: Pepiño Blanco y Juan Ignacio Lema Devesa protagonistas de temblores, llantos repentinos, espasmos, histeria y alucinaciones; sienten como si los controladores les pincharan y cortaran con cuchillos invisibles. Un caso claro de hechizo.

La extensión del mal llegó pronto y los medios de comunicación (¿?) comenzaron a comportarse del mismo modo, llegando a decir, como el infecto diario El Mundo, que Barajas había cerrado pistas por la “resaca” de los controladores.

Las acusaciones de brujería salarial no tardaron en llegar: se dijo que los ingresos del controlador que menos gana son de 370.000 euros, e incluso un tipo como Ramón Tamames llegó a decir en la televisión que los controladores ganamos de un millón de euros para arriba. Se nos llama privilegiados por políticos que no tienen más que privilegios, entre otros el estar donde están sin merecerlo. Otras lindezas son “secuestradores”, “extorsionadores”, “terroristas”, etc.; todavía no nos han acusado de pactos con el diablo pero todo se andará.

Los controladores aéreos según palabras de un europarlamentario del PP llamado Luis de Grandes somos “un colectivo antipático”, así que caemos mal y se nos puede acusar sin problemas de cualquier cosa con impunidad absoluta.

¿Y qué hay del tribunal cazador de brujas/controladores? Pues la sala de lo social de la Audiencia Nacional presidida por un fanático inquisidor del Psoe llamado Ricardo Bodas, que dijo que los derechos fundamentales de los controladores no son absolutos. Las “evidencias espectrales” admitidas por el tribunal cazabrujas del inquisidor Bodas fueron difamaciones aparecidas en prensa a través de los años contra los controladores y todos los argumentos falsos esgrimidos por las dos niñas histéricas. Desconozco si en el juicio algún abogado del estado se contorsionó y entró en trance, pero no hay que descartarlo.

También tenemos a los carroñeros de Cremades que han visto la posibilidad de trincar pasta con el cadáver de los controladores y quieren despojarlo de todas sus posesiones y robarle al muerto.

Las causas del asesinato social y laboral de los controladores aéreos también son muy parecidas a las de Salem:

1. Consumo de alucinógenos. Habría que ir a los servicios del Parlamento para recolectar unas buenas dosis de polvo blanco.

2. Problemas psicológicos. Resentimiento, complejo de inferioridad, psicopatía, retraso mental, narcisismo, etc.

3. Prejuicios sociales. Odio al que triunfa, odio al superior, odio al que es mejor que tú, odio al que sabe más, odio al que es honrado, odio al trabajador, etc.

4. Prejuicios religiosos. Pertenencia a una secta destructiva llamada Psoe, u otras que tienen su congregación en el Parlamento, como por ejemplo el PP.

5. Envidia y resentimiento. Relacionados con los puntos 3 y 4.

6. Causas económicas. El hundimiento premeditado y alevoso de Aena para luego privatizarla/regalarla a amiguetes y/o superiores de la logia y el banco.

¿Habrá algún día una reparación de daños a los controladores? ¿Tendrán que pagar los inquisidores/privatizadores por su daño a los controladores y a todo el pueblo español? ¿Confesarán su “error” y lo pagarán caro? Espero que no tengan que pasar tres siglos para que todo ello ocurra.

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